“Rental Family” y por qué vale la pena verla…

Desde hace días ansiaba tener un rato libre para ver una película junto a mi esposa. Había visto algunos flashes de Rental Family, sobre todo por la actuación de Brendan Fraser (Phillip), carismático actor que ha tenido algunos momentos duros en su carrera, pero que ha venido reconquistando al público a través de papeles dramáticos recientes.

Al ver el tráiler me llamó la atención por el contexto de la misma: un “americano” (white guy) en Japón tratando de adaptarse a su cultura, vivir y trabajar, interpretando papeles de actuación de bajo presupuesto y comerciales de TV.

Te contaré por qué vale la pena verla y algunas enseñanzas que podemos tomar de los roles e historias que se desarrollan alrededor de este drama-comedia. Si te interesa la cultura asiática, especialmente la japonesa, puede que capte tu atención y aprendas algo más.

Hay algunos conceptos que están presentes durante la historia que vale la pena conocer. En principio, el protagonista (Phillip) es un “gaijin”, que literalmente significa en japonés “extranjero” o “persona de otro país”. Dependiendo de la entonación y el contexto en que se use, puede resultar un poco ofensivo dentro de su dialecto. Por más que se intente adentrarse en su cultura, aprender su idioma y adaptarse a los modelos sociales, si eres de afuera siempre serás un “gaijin”.

Sin embargo, los americanos son especialmente atractivos bajo su mirada, por temas diversos (apariencia, forma de ser, idioma, comportamiento, etc.), quizás vale la pena explorar esto en otro artículo.

Otro concepto presente y tema central de la película es el de “rentar personas” para ejercer roles de amistad o familia (padres, madres, abuelos, abuelas, hijos, etc.), o fines románticos por períodos de tiempo específicos y bajo servicios formales, como rentar un vehículo pero con personas. A esto se le llama Rentaru Kazoku, o rentar familia.

Quizás bajo nuestra mirada occidental este fenómeno lo podemos ver como ficción, como algo que no haríamos de este lado del hemisferio porque no nos hace sentido. Este comportamiento no es bueno ni malo, es simplemente un tema de dimensiones culturales.

A diferencia de otros países de Asia, Japón es principalmente individualista (62 %) y en menor proporción indulgente (42 %), así lo reporta The Cultural Factor. Esto, explicado en palabras simples, se traduce en que las personas tienden a ser mayormente reservadas y a tomar decisiones individuales para su desarrollo por encima del colectivo.

Esto contrasta un poco con la gran demostración de solidaridad y unidad que se observa frente a fenómenos ambientales como terremotos o tsunamis, pero ese es otro tema a tratar.

El hecho de poseer un nivel de indulgencia bajo se traduce en que se reservan el derecho de experimentar gozo, placer, cariño o darse gustos más allá de lo necesario. Eso explica un poco su comportamiento en ocasiones peculiar frente a muestras de afecto. Por otro lado, esta extrema reserva se ve reflejada en hábitos y costumbres que para nuestros efectos pueden ser un poco “extrañas”, ¿pero qué cultura no las tiene?

Dentro de estos hábitos “extraños” entra el de rentar personas desconocidas para ejercer estos roles de afecto, así sea fingido; al final, para las personas que lo necesitan, la experiencia es lo que cuenta. Phillip se ve envuelto en este pensamiento; ha conseguido una oportunidad dentro de este negocio, pero sus convicciones éticas no le permiten aceptarlo de primera mano.

Su personaje se desarrolla dentro de diferentes roles por los que le han pagado: ser un esposo solo para una boda, ser un amigo para jugar video games, ser un padre ficticio, ser un escritor interesado en la vida de un gran actor. Así, poco a poco su día a día se ve envuelto en diferentes vidas, emociones y sentimientos que le obligan paulatinamente a retirarse la máscara rentada y mostrarse realmente como es.

Esa decisión le demanda sacrificios, aciertos y desaciertos, pero de alguna manera su verdadero yo empieza a influenciar de manera positiva y emotiva a esas otras vidas para las que él ha sido contratado.

La película da un vuelco inesperado que no vas a tener manera de predecir y deja en evidencia lo dramático de una vida en soledad frente a una sociedad que no es permisiva ante este hecho.

Phillip, por error y ensayo, logra enderezar el destino de la historia, demostrando que el afecto y la empatía, una vez que se liberan, son difíciles de retener. Él sabe que eso es lo verdaderamente importante para cualquier ser humano.

No contaré el final de la película, pero tiene un alto simbolismo con el sincretismo religioso en Japón. Dentro del sintoísmo, “La Gema, la Espada y el Espejo” son los tres tesoros sagrados. “La Gema” representa la benevolencia y la compasión; “La Espada”, la valentía y el coraje; y “El Espejo”, la sabiduría, pero también la autorreflexión: no solo nos muestra cómo somos, sino que es un reflejo de nuestro espíritu, de cómo somos en verdad.

¡Cuando la veas, me cuentas!

Luis Teran.

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